martes, 9 de febrero de 2016

En 1783, un misterioso admirador de María Antonieta, ordenó reloj único para ella.



María Antonieta poseía por los relojes Breguet una verdadera pasión y había adquirido varios, entre los cuales un reloj perpetuo provisto de un dispositivo de carga automática. En 1783, un misterioso admirador hace un pedido a Breguet para regalarle a la Reina el reloj más espectacular posible y que reuniera todo el saber hacer relojero de la época. El pedido estipula que el oro debería reemplazar donde sea posible los demás metales y que las complicaciones relojeras deben ser múltiples y variadas.

Sin límite de tiempo ni de dinero, Breguet que ya es proveedor de la Corte, tiene carta blanca. Desgraciadamente, la Reina no tendrá jamás la oportunidad de contemplar su reloj nº160, llamado “María Antonieta” que sólo se terminará en 1827, es decir, 34 años después de su muerte, 4 años después de la muerte de A.-L. Breguet y 44 años después de que fuera encargado.

Tanto su extrema complejidad como su fabulosa historia han obsesionado el mundo relojero y el espíritu de los coleccio­nistas durante más de dos siglos. Robado en 1983 en un museo de Jerusalén para luego ser encontrado en diciembre de 2007, esta obra maestra del arte relojero conoció un destino tan enigmático y velado de misterio que se ha vuelto un verdadero objeto de fascinación.

En 2004, Nicolas G. Hayek propone a sus relojeros de la Fábrica Breguet el reto de reproducir una copia perfecta de este reloj de bolsillo excepcional. Volver a fabricar tal número de complicaciones únicamente sobre la base de documentos fue un verdadero desafío para los relojeros de la Fábrica. Investigaciones realizadas a partir de archivos y de dibujos originales del Museo Breguet así como de lugares culturales emblemáticos como el Museo de Artes y Oficios de París, cons­tituyeron la única base de información disponible para cada función o elemento estético.

Exámenes comparativos de relojes antiguos, en especial del reloj del Duque de Praslin, aportaron nuevos elementos sobre la estética y las técnicas relojeras de la época. Estos estudios revelaron unas técnicas hoy en día desaparecidas y que han permitido a Breguet fabricar un reloj en todo fiel al original. Reloj perpetuo con repetición de minutos sonando las horas a discreción, los cuartos y los minutos, el nuevo María Antonieta posee todos los componentes de una obra de arte. Un calendario perpetuo completo indica la fecha, el día y el mes, respectivamente a las dos, seis y ocho horas. La ecuación del tiempo a las diez horas anuncia la diferencia cotidiana entre el tiempo solar y el tiempo civil. En el centro, las horas saltantes y los minutos acogen un segundero grande indepen­diente, precursor del cronógrafo, mientras que el pequeño segundero se encuentra a las seis. El indicador de reserva de marcha de 48 horas está al lado de un termómetro bimetálico.

El movimiento de carga automática, llamado perpetuo, integra 823 componentes con acabados excepcionales. Las platinas, los puentes, la pieza móvil más pequeña de engranaje del minutero, del calendario y de la repetición están fabricados en oro rosa pulido con madera. Los tornillos son de acero azul y pulido, los puntos de fricción, agujeros y niveles engastados con zafiros. El ingenioso mecanismo está además provisto de un modelo particular de escape de palancas naturales, de un espiral cilíndrico de oro y de un volante bimetálico. Un dispositivo antichoque con doble pare-chute protege el eje del volante así como los árboles de la masa de carga contra los golpes y las sacudidas.

En abril 2008, después de cuatro años de trabajo de reconstrucción, el nuevo reloj María Antonieta está ya en su suntuoso joyero, tallado en el roble de Versalles bajo el cual a la Reina le gustaba descansar. Después de haber sufrido una tor­menta y una sequía, la Propiedad de Versailles se vio obligada a talar este roble mítico antes de regalarlo a Nicolas G. Hayek por su cumpleaños.







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